lunes, 16 de octubre de 2017

Tarta mecánico

Hola buenos días.

Lo mejor de hacer tartas es que un día estas haciendo a la delicada Elsa, de "Frozen"; que una cascada de flores para una para de boda; como una rueda de coche, como la que hoy os enseño.

A mi prima Izaskun, que es una de mis mayores "fans" (jajajaja), le encanta regalar tartas a sus amigos. Y en este caso el destinatario era un mecánico de coches apasionado y corredor de rallyes, así que eso es lo que traté de plasmar en la tarta: Karlos con su uniforme de trabajo; su coche amarillo lleno de pequeños detalles y la tarta en sí, una rueda.

 
Por dentro, el bizcocho era de chocolate negro relleno de merengue suizo de nutella.

Espero que os haya gustado y nos vemos el próximo día.
Un besote.
Helena

lunes, 9 de octubre de 2017

Tarta "El viaje de Chihiro"

Hola buenos días.

Reto, todo un reto supuso esta tarta para mí.

Para empezar, porque ni tan siquiera conocía la temática de la misma cuando me la propusieron: una tarta sobre la película de animación japonesa "El Viaje de Chihiro".

Como Internet es un "pozo de sabiduría", me puse a investigar un poco. Pero la verdad, no encontré mucho, sobre todo en lo referente a tartas relacionadas con la película.

Tan sólo encontré una y en ella me inspiré para hacer mi tarta.

Lo que hice fue personalizar a la niña. Sobre todo en el pelo de Alice, que como veis es espectacularmente rubio y rizado, igual que el de su hermano Ur. Y si no, mirad esta tarta que le hice al peque de la casa hace unos meses y observad el pelo (aquí quedaría bien el emoticono del guiño del ojo).
Como curiosidad, os diré que gran parte de la tarta estaba pintada a mano, tanto las partes de hierba como las flores que ramifican del árbol japones. Y tengo que reconocer que me encanta el aspecto que le daba porque aumentaba la "profundidad" de la misma. Aunque la verdad, en las fotos no se aprecia nada.

Es todo por hoy. Como siempre, gracias por estar al otro lado.
Un besote
Helena

lunes, 2 de octubre de 2017

Viena con niños

Hola buenos días.

Hace un par de semanas, en este post, os contaba que este verano hicimos un viaje por las capitales del imperio Austro Húngaro, comenzando por la maravillosa Budapest.

Pues bien, hoy continúo con la segunda parte: la ciudad de VIENA.
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Día 3 del viaje. Lunes
Nos levantamos temprano en Budapest porque a las 9:30 salía nuestro tren destino Viena. La estación de partida es la tristemente famosa "Keleti", a donde en 2015 llegaron miles de refugiados sirios huyendo de la guerra y desde donde no se les dejaba partir hacia diferentes puntos de Europa. Qué rápido olvidamos la historia. En fin.

Los billetes los habíamos reservado a través de internet en esta página y nos costaron 60. Os cuento que pagamos un plus, unos 14€ (ya metido en ese precio) por reservar asientos e ir los 4 juntos. De lo contrario es un poco más barato pero te puede tocar ir cada uno en un lado. 

Tras dos horas y media de cómodo viaje (los trenes son tipo los Alvia) llegamos a Viena. 

Transporte por la ciudad
Cogimos dos billetes de 48 horas para metro/bus/tranvía (los niños menores de 15 años y en época de vacaciones escolares no pagan transporte público), lo validamos (sólo hay que hacerlo una vez y te olvidas) y directos en metro hasta nuestro hotel.

Alojamiento
En este caso y como no encontramos un apartamento que nos entusiasmase, nuestra opción fue el Novotel Wien, hotel familiar situado a 10 minutos del centro (pinchando en este enlace os llevareis 15€ de descuento en vuestra próxima reserva a través de Booking).
La cadena de hoteles Novotel ya la conocíamos de viajes anteriores. Y siempre nos ha gustado mucho. Pero en esta ocasión nos dimos cuenta de que el sofá cama de las habitaciones familiares se ha empezado a quedar pequeño para nuestros dos chicos (9 y 11 años). Pero bueno, para un par de noches está bien.

Hicimos el checking y nos fuimos directos a comer "Gasthaus Nestroy", un restaurante de comida típica vienesa donde además cuentan con carta sin gluten que teníamos justo al lado. Mis hijos fliparon con el tamaño de los ""Wiener Schnizel", los escalopes vieneses que son XXL.

Y una vez comidos, comenzamos nuestra ruta por el centro histórico de Viena.

Al igual que pasa con Budapest, Viena es una ciudad grande en extensión pero lo que es su núcleo histórico, se pude hacer caminando perfectamente.

La plaza de Stephansplatzt es el "centro" de la ciudad y donde se encuentra la preciosa Catedral gótica de San Esteban. Tuvimos la mala suerte de que la están reformando así que no pudimos subir a una de sus torres. 
De allí comenzamos a caminar (hacía un calor inmenso) y visitamos las calles del centro, como la famosa Graben, llenas de comercio globalizado, como ocurre en todas las grandes ciudades europeas, hasta llegar al Palacio Imperial de Hofburg, residencia de los Habsburgo y donde se encuentran los apartamentos de la famosa Sisí Emperatriz, y la Escuela de Equitación Española

No entramos en ninguna de ellas porque teníamos tan sólo día y medio y preferimos callejear.

De allí caminamos hasta la famosísima Opera de Viena. Para una enamorada de la música clásica y ex violinista como soy yo, estar allí fue absolutamente genial. Aquí si que nos gustaría haber entrado, pero el día que estuvimos había concierto, por lo que las visitas guiadas esos días no se contemplan. Una pena la verdad.
A través de la Ringsstrase (el anillo que rodea la parte histórica de Viena) caminamos hasta la puerta principal del Palacio de Hoffburg, con sus maravillosos jardines; vimos la "Casa de las mariposas" (nuevamente cerrada para cuando llegamos - estos europeos cierran todo para las 17:00 -) hasta llegar a la plaza de Maria Teresa, donde están frente a frente el Museo de Bellas Artes el Museo de Historia Natural.

Y presidiendo la plaza, está el impresionante monumento a la emperatriz Maria Teresa.

Tras ellos, está la MuseumsQuarter, zona de una Viena moderna y contemporánea, pero el cansancio de mis hijos añadidos al enorme calor que hacía, hizo que nos retirásemos al hotel a descansar.

Día 4 del viaje. Martes.
Nuestro segundo día en Viena amaneció de nuevo con el cielo azul y un enorme calor. 

Cogimos el metro y nos fuimos camino a nuestro primer destino: el gran Palacio de Schonbrunn, residencia de verano de la emperatriz Sisí y el más majestuoso de todos los palacios de Viena.

Impresionante todo él, teníamos reservado un tour de 30 minutos con audio guía que te va llevando por las principales estancias privadas De Francisco José y Sisi y que es muy interesante. La pena es que esta prohibido sacar fotos. 
Tras la visita, lo más bonito que tiene el palacio son sus enormes y cuidadísimos jardines, así que a verlos nos fuimos. El Zoo de Viena se encuentra en ellos también pero no lo visitamos. 

Y allí echamos la mañana entera. Pero antes y dado que los tranvías son fantásticos y te llevan a cualquier parte, nos acercamos a ver las famosas casas Hundertwasser, que todo hay que decirlo, tienen un punto.
Volvimos cerca del hotel a comer y tras echar una pequeña siesta (estábamos a más de 35 grados) regresamos al centro de la ciudad para visitar la comercial calle Kärntner y tomarnos una buena merienda en uno de los lugares emblemáticos de la ciudad: el Café Mozart, fundado en 1794 y situado en el no menos famoso Hotel Sacher, en cuyas cocinas se dice que se creó la famosa tarta con ese nombre y de la que Sisí Emperatriz era adicta.
Las tartas no son baratas. Pero el placer de sentarse frente a la Opera, el Museo Albertina... merece la pena sin duda.

Muy cerquita está el Musikverein que es donde se celebran los famosos conciertos de Año Nuevo (no, no se celebran en la Opera, como casi todos creíamos) y de allí nos fuimos al lugar que mis hijos os dirán que más les ha gustado de todo el viaje: el Parque Prater.

Situado en un inmenso parque, la entrada es libre y lo que hay que pagar son las atracciones. Allí está la Gran Noria, la más antigua del mundo, construida en 1887, que consiguió sobrevivir a los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y escenario de escenas de famosísimas películas como "El tercer Hombre", "007: Alta Tensión" o "Antes del amanecer".
La verdad es que es un parque de atracciones cuidadísimo, limpio y precioso donde disfrutamos hasta caer la noche y donde cenamos en el no menos famoso Schweizerhaus, toda una institución del Prater. Es un restaurante, la mayor parte de él al aire libre bajo, un manto de árboles frondosos y miles de lucecitas con cabida para más de 800 personas y donde tomarse unas buenas jarras de cervezas y por supuesto, unas salchichas o un jarrete de cerdo ahumado.

100% recomendable.

Y con ello, finalizo nuestra visita a la ciudad de Mozart y de Sisi.

Nos quedaron por ver cosas como el palacio de Belvedere, donde están las pinturas de Klimt; pasear por el Stadpark y entrar como os decía en la Opera o en algún edificio más. Pero día y medio en Viena da para lo que da. Y creo que lo aprovechamos bastante bien.

Al día siguiente, el tren camino a Praga nos esperaba.

Un beso
Helena

lunes, 25 de septiembre de 2017

Rock And Roll a los 40

Hola buenos días.

Últimamente estoy haciendo bastantes tartas para esa fecha un tanto curiosa que son los 40 años.

Y la verdad, me gusta. Porque con ello se demuestra que las tartas decoradas no sólo son para los cumpleaños de los más pequeños de la casa.

Es más. Estoy cada vez más segura que los adultos las disfrutamos más. ¿Y porqué lo creo? pues el claro ejemplo es la tarta de hoy.

Los amigos de Javier querían sorprenderlo con algo original para su fiesta de 40 cumpleaños y lo hicieron con esta tarta.  La personalicé al máximo poniendo unos vinilos en donde aparecía el nombre del grupo que el cumpleañero había creado junto con más amigos cuando eran unos adolescentes; colocando unas guitarras eléctricas coronando la tarta y en la parte de atrás, aunque no se ve, unos teclados, el otro instrumento que él también tocaba.

En definitiva, una tarta como no había otra igual y con la que según me contaron, Javier alucinó.

Porque esto es lo que tienen estas tartas: poder poner en ellas todo aquello que para una persona es especial. Y por eso me gusta tanto hacerlas.

Apenas pude sacarle fotos porque en este caso fue hacerla y llevarsela pero bueno, algo es algo.

Por dentro como siempre: bizcocho de chocolate negro relleno esta vez de swiss merengue buttercream de mango.

Por cierto, esta vez me superé y la tarta llegó a los ¡¡¡14 cms de altura¡¡¡¡ No sabéis como me costó poner el fondant porque ademas estaba tan blandito que se rajaba. Buffff.

Y esto es todo por hoy.
Nos vemos el próximo lunes.
Helena

lunes, 18 de septiembre de 2017

Tarta Boda Ocres

Hola buenos días.

Comenzamos la temporada de tartas con una para una boda.

No suelo hacer muchas tartas de boda. Pero cuando me toca hacer una, asumo la responsabilidad que ello conlleva.

Porque no nos engañemos: ese momento en el que se saca la tarta es uno de los importantes de las bodas. Y sinceramente, he visto algunas que la verdad... dejaban mucho que desear. Y no hablo de bodas privadas, sino de algunas que han salido en revistas de "cotilleo" muy famosas.

Yo siempre he tenido la máxima de procurar ser honesta y si me piden algo que creo que no voy a saber hacer o que no lo voy a hacer bien, no lo hago. Me gusta asumir retos, por supuesto. Pero siempre teniendo en cuenta lo que soy o no capaz de hacer.

En el caso de la tarta de hoy tengo que decir que me encantó hacerla porque la sobrina de los novios, que fue quien me la encargó, me dio manga ancha para hacer lo que quisiese. El único requisito era que los novios estuviesen modelados y tenía que ser una tarta "elegante".
Toda la tarta estaba pintada a mano. Sobre una base blanca, texturicé la parte de abajo como si fuesen planchas de madera y la pinté con grises, ocres y blancos.

Por dentro los bizcochos eran de chocolate rellenos de swiss merengue buttercream de mango. 

Los detalles de las flores y los modelados hechos en pasta de goma.

Espero que os haya gustado mucho. Nos vemos el próximo lunes.
Un besote
Helena

lunes, 11 de septiembre de 2017

Budapest con niños

Hola buenos días.

Como sabeis los que le leeis hace tiempo, somos una familia a la que nos encanta viajar y siempre que podemos, lo hacemos. 

Tras nuestra escapada a Londres la pasada Semana Santa, (os lo conté todo aquí y aquí) comenzamos a darle vueltas a cual sería nuestro destino veraniego. Barajamos varias opciones y al final nos decantamos por todo un clásico: hacer la ruta de las Capitales del Imperio Austro-Húngaro. Es decir, visitar Budapest, Viena y Praga.

Siempre había tenido ganas de ir a esta parte de centro-europa y la verdad, el viaje ha superado mis expectativas, gustándome mucho más de lo que me esperaba. Son tres ciudades espectaculares, cada una a su manera.

Pero sin duda, lo que más me ha emocionado de este viaje ha sido la historia que hay tras ellas. Toda una lección de historia en vivo.

La duración total del viaje fueron 8 días/7 noches. En mi opinión, tiempo perfecto para ver las tres ciudades en caso no entrar en demasiados museos o visitas a lugares concretos. Si no, sobre todo en Viena, seria necesario al menos, un día mas.

Pero por mi experiencia, cuando se viaja con niños y más en verano con calor, lo mejor es callejear y "perderse" por las ciudades. Así que eso es lo que hicimos.

Como tengo muchas cosas que contaros, voy a tratar de hacer un post con cada una de las ciudades para no aburriros y casaros demasiado. Así que comenzamos.
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Alojamiento
Tras dos horas y media de vuelo, llegamos un viernes por la noche a Budapest procedentes de Barcelona y viajando con Vueling. Todo perfecto. 

Como siempre, el alojamiento lo habíamos reservado a través de "Booking" (si reserváis pinchando este enlace tendréis 15€ descuento en vuestra reserva) y en este caso fueron los Apartamentos Avantgarde, situados en pleno barrio judío.

Estupendos y 100% recomendables: contaban con una habitación espaciosa, un salón comedor con sofá cama muy cómodo, un baño grande y una cocina con lo necesario. Todo muy limpio. 
Como os decía, llegamos a las 10 y media de la noche. Nos vinieron a recoger al aeropuerto con un coche contratado a través de los mismos apartamentos y poco más hicimos que ponernos los pijamas y dormir. 

Transporte
Budapest es una ciudad muy extensa, aunque mucho de lo que hay que visitar, se puede hacer caminando perfectamente. También es cierto que con niños hay momentos que está bien coger transporte público para evitar que se agoten demasiado y empiecen a protestar.

Nosotros tras valorar todas las opciones (las tenéis aquí) optamos por coger un abono de 10 billetes sencillos (son como los del metro de Madrid) que nos costaron 3000ft (casi 10€). Con dos abonos para fueron suficientes. Con ellos podíamos usar el metro, el tranvía y los autobuses.

Moneda
A pesar de pertenecer a la UE, Hungría no tiene euros. Su moneda es el florín húngaro y cuando fuimos nosotros el mes de julio para que os hagáis una idea, 1000 florines son aproximadamente 3,25€.

Mi recomendación es que no cambies demasiado dinero porque se puede pagar casi todo con tarjetas de crédito. Además, Budapest no es caro.


Día 1 en Budapest. Sábado
Nos levantamos temprano porque a las 10:15 de la mañana teníamos reservada la visita al Parlamento. Las entradas las había cogido previamente a través de Internet en la propia página del Parlamento.

Durante media hora nos fueron contando la historia del edificio de estilo neogótico, que además es el tercer parlamento más grande del mundo y un edificio realmente impresionante. 
Tras la visita, vimos el cambio de guardia y allí chicos españoles nos ofrecieron los "Free Tour". Dudamos un poco en cogerlo pero mereció la pena de largo. Tanto que en Praga días después volveríamos a repetir experiencia.

Por si no los conocéis, se trata de tours en donde chicos/chicas españoles que ha estudiado Historia, Traducción, etc, nos cuentan la historia de las ciudades y luego se les paga la voluntad. Tal vez en otras ciudades no merezcan la pena. Pero os aseguro que Budapest es otra si te la cuentan como nos lo hicieron a nosotros.

Así que con Nacho, que era como se llamaba nuestro guía, recorrimos la parte histórica de Pest: la gran plaza del Parlamento; la catedral de San esteban; el inmenso y majestuoso río Danubio.

Pero sin duda, de toda la ruta, me quedo con dos lugares homenaje a los asesinados judíos en manos de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial:

- Los Zapatos a orillas del Danubio: los nazis ataban en hilera a grupos de entre 10 y 12 judíos con alambres de espino; los llevaban a la orilla del río, los descalzaban y allí pegaban un tiro al primero y al último - así ahorraban balas- y los judíos se ahogaban al caer al río.

-  Y el polémico Monumento de la Plaza. En este enlace tenéis información sobre él.

Absolutamente sobrecogedores ambos.
Arriba ida: Zapatos a orillas del Danubio; derecha: Nicolas frente al homenaje a los judíos.
Tras comer y reponernos de todo lo que nos habían contado (os aseguro que yo estuve un rato impactada por la dureza de lo escuchado), volvimos al apartamento, cogimos los bañadores y nos fuimos a hacer una de las cosas que hay que hacer en sí o sí en Budapest: visitar un balneario.

En este caso elegimos el de Szechenyi por ser el más conocido y además, uno de los que dejan entrar niños, porque no en todos están permitidos.

Para llegar a él fuimos directamente en metro y paramos en la inmensa Plaza de los Héroes, donde las enormes estatuas que la presiden representan a los fundadores del país. Y de allí caminamos 5 minutos hasta el balneario. Teníamos cogidas las entradas (a través de Civitatis) con el fin de evitar filas y fue un acierto porque al llegar había muchísima fila.
Izda: Plaza de los Héroes. Dcha: piscina exterior del Balneario de Szecehenyi
Y allí que pasamos un par de horas. 

Gente, mucha mucha gente, para que nos vamos a engañar. Y miles de españoles. Pero lo pasamos genial metidos en piscinas calentitas de hasta 40 grados de donde yo no quería salir. Eso sí, según mis hijos olía a huevo podrido. Jajajaja.

   - Recomendación: no os llevéis el mejor bañador que tengáis porque son aguas que llevan muchos minerales (de ahí el fuerte olor que hay) y salen completamente color bronce que por mucho que lo laves, cuesta devolverles su color inicial. No es necesario gorro pero sí chanclas y toallas (estas últimas se pueden alquilar).

Decidimos volver andando al apartamento a través de la Avenida Andraásy (una de las principales calles de la ciudad) y entre una cosa y otra, habíamos echado el día.

Día 2 en Budapest. Domingo
Volvimos a levantarnos pronto y nuestra primera parada fue uno de los principales "Ruin Pubs" de Budapest, el Szimpla Kert, que casualmente, lo temíamos justo frente a nuestro apartamento y es el más antiguo de todos.

Los Ruins Pubs son las antiguas casas de la comunidad judía a las que se les ha querido dar una segunda oportunidad y se han reconvertido en bares por la noche y durante el día, los domingos hay un mercado donde se venden productos caseros de los agricultores de la zona. Todo ello manteniendo la esencia de antiguas casas con historia, mucha historia. Me encantó la verdad.
Y de allí nos fuimos directamente a la Gran Sinagoga, que es la más grande de europa y la segunda del mundo, tras la de Nueva York.

Sin duda, junto a los monumentos homenaje a los judíos vistos el día anterior, fue uno de los lugares que más me gusto de todo Budapest.

La entrada nos costó cerca de 25€ a los 4 (las cogimos allí mismo) y una vez dentro, los chicos de la familia se tuvieron que poner el Kipá en señal de respeto (ojo: la sinagoga cierra para el público los sábados).

Allí pudimos ver el Cementerio, el Árbol de la vida y la maravillosa e inmensa Sinagoga (caben más de 800 personas) donde además, si buscáis la bandera de nuestro país, allí cada media hora os explicaran toda la historia. Una vez más, sobrecogedora.
Al igual que el día anterior, salí un tanto aturdida y emocionada (por no decir un mucho) así que optamos por hacer algo más "simple" y cogimos uno de los barcos para dar un paseo por el inmenso y maravilloso río Danubio

Budapest no es nada caro así que una hora de paseo nos costó a los 4, 18€. Sin duda merece la pena porque las vistas desde el río del Parlamento y de parte de Buda son realmente increíbles.
Paseo en barco por el rio Danubio, donde te puedes encontrar autobuses que "flotan"
Una vez de nuevo en tierra, cruzamos a la parte de Buda y tras comer (si queréis ver donde lo hicimos, siempre sin gluten, visitad mi otro blog  "Disfrutando Sin Gluten") nos fuimos caminando hasta la zona del Castillo

Allí vimos por fuera, porque para cuando llegamos a las 17:00h ya estaba cerrada, la Iglesia de Matías, que es realmente preciosa con su contraste blanco y ese tejado de colores tan diferente a lo que estamos acostumbrados.
Y justo al lado está el Bastión de los Pescadores, desde donde las vistas de la parte de Pest, son una auténtica pasada. Continuamos andando y de forma casual nos encontramos con "Laberinto del Castillo", unas grutas ha usadas por el ser humano desde la prehistoria y que sirvieron de bunker en la Segunda Guerra Mundial.

Su principal atractivo es que se hace completamente a oscuras (nos guiamos con las luces del móvil) y hace frío. Aviso: hace frío y no es apto para claustrofóbicos. 
Tras acabar de visitar la zona de Buda con un paseo por el Castillo (no entramos porque básicamente hay colecciones de arte) fuimos bajando la colina hasta llegar al Puente de las Cadenas, declarado por la UNESCO, Patrimonio de la Humanidad y que une las dos partes de la ciudad: Buda y Pest separadas por el río Danubio.
Como yo soy así, fui contando los pasos que había al cruzar el puente y cuando iba por 350 dejé de contar. El Danubio es grande, muy muy grande.

Este fue nuestro segundo día de vacaciones. Y con él, habíamos visto todo lo principal en la ciudad de Budapest.
Vistas del la parte de Pest desde el Bastión de los Pescadores
Como os decía al principio, Budapest me encantó. Majestuosa, con grandes avenidas. Con una mezcla de modernidad y restos de un comunismo no muy lejano. Con una historia que te deja absolutamente sobrecogida. Y con no demasiado turismo, lo cual es un plus.

Día 3. Nos vamos en tren a Viena. 

Pero eso os lo cuento el próximo día.

Un besote
Helena

lunes, 4 de septiembre de 2017

Comienza el curso

Hola buenos días.

Tras dos meses de descanso, aquí estoy de nuevo. ¿Que tal estáis todas y todos?
Yo no me puedo quejar la verdad. Ha sido un gran verano que comenzó con el nacimiento de mi sobrina Abril, la primera niña de la familia. Así que os podéis imaginar lo mimada que va a estar.

Este año por circunstancias, no me quedé en Sanfermines.

Era la primera vez desde que tengo 16 años que no he estado ni un solo día. Y yo pensaba que no me iba a importar. Que lo iba a llevar bien. Pues ufffff... que equivocada estaba. El día 6 de julio la morriña, la añoranza, la pena enorme se apoderó de mí y ni mis enanos intentado hacer el tonto eran capaces de animarme.

Se me pasó, por supuesto. Pero tengo claro que mientras pueda, el 6 de julio siempre intentaré estar en Pamplona.
Y os preguntareis donde estaba. Pues en la playa. En mi refugio mediterráneo particular. En mi adorado y este año triste y terriblemente conocido por los brutales atentados yijadistas, Cambrils.

Allí donde pasé mi infancia y curiosamente también, mi marido (bueno, y medio Navarra, todo sea dicho); allí donde mis hijos tienen sus amigos y entran y salen de la urbanización a la playa felices de la vida; allí donde sentarnos en el chiringuito a tomar una cerveza fresquita mientras se pone el sol; allí donde tomamos un helado y mis hijos corren por el paseo.

Allí donde este verano la sin razón de unos fanáticos decidieron atemorizar y asesinar.
Allí disfrutamos de un mes de playa, de sol, de relax. De partidas de cartas a la luz de la luna y lecturas con el sol del atardecer (por cierto, para quienes aún no se la hayan leído, os recomiendo encarecidamente "Patria" de Fernando Aramburu).
Un mes voluntariamente interrumpido por un viaje, un maravilloso viaje familiar por las capitales del imperio austro-húngaro: Budapest, Viena y Praga.

Tengo muchas, muchísimas cosas que contaros de este viaje así que la semana que viene comenzaré con ello.
El mes de agosto ya en Pamplona mi marido y yo disfrutamos de "una semana de novios", ya que los chicos se fueron de campamento y nos dejaron solos. Y para que nos vamos a engañar. A gusto. Muy a gusto.

Que a los hijos se les quiere, se les adora y daríamos todo por ellos. Pero una semanita al año de "descanso" tanto para ellos como para nosotros, es absolutamente necesaria y genial.

Y el resto, pues lo que viene siendo un verano: piscina, comidas con amigos que se alargan hasta la cena; fines de semana en el pueblo disfrutando de la familia, del río, de coger moras.
Dos meses intensos y geniales que nos han recargado las pilas para afrontar con ganas y fuerza un nuevo curso escolar en el que como siempre, espero me acompañéis.

Un beso enorme
Helena

lunes, 3 de julio de 2017

Feliz Verano

Buenos días.

Llegó Julio. Sin duda mi mes del año preferido y por muchas y variadas razones: es el mes de mis adorados Sanfermines; de nuestras vacaciones en la playa; del cumpleaños de mi hermana y del mío. Del sol y el calor. De las cervezas y las puestas de sol playeras.

Sin duda alguna, ¡¡Julio mola¡¡

Y con él también,  llega el cierre temporal del blog por "descanso vacacional".

Sabéis que cuando mis niños están en casa no me gusta abusar de las redes sociales. Y además creo necesario "desconectar tecnológicamente" un tiempo porque al final queriendo o sin querer, pasamos demasiadas horas sentados delante de un ordenador, tablet, movil, etc. Por ello, al igual que el año pasado, hoy me despido de vosotras hasta primeros de septiembre.

Este ha sido un año de cambios.

Desde que nació el blog allá por 2011, publicaba dos veces a la semana. Ahora sólo lo puedo hacer los lunes. Afortunadamente el motivo de no poder publicar con la misma frecuencia es por algo positivo, así que bienvenido sea.

No me quiero despedir sin dar las gracias a todas las personas que siguen confiando en mi trabajo para celebrar esos días especiales en su vida. Gracias, gracias de todo corazón.

Disfrutad el verano como merece. Yo sin duda lo pienso hacer.
Un beso enorme y nos vemos en septiembre.
Con todo mi cariño.
Helena

lunes, 26 de junio de 2017

Tarta para un futuro paleontólogo

Hola buenos días.

Siempre que me llama Susana para encargarme una tarta para uno de sus 4 hijos me encanta. Y me encanta porque sus tartas siempre suponen nuevos retos. 

Familia de artistas y creativos, Ur el pequeño de ellos, hacía este año la comunión y por supuesto, su tarta no tenía que ser la "clásica".

Ur quiere ser paleontólogo y le encantan los dinosaurios, así que entre su mami y yo pensamos hacer algo distinto y original: una maleta "vintage" con el niño modelado y su pelo rubio y rizado que su rasgo más característico; y a su lado, los restos de los huesos de un tiranosaurio rex, su dinosaurio preferido.

La verdad es que estas tartas son laboriosas y costosas de hacer porque llevan cantidad de pequeños detalles. Pero al final cuando ves tu trabajo terminado, la satisfacción es enorme.
La maleta era un bizcocho de chocolate negro relleno de swiss merengue buttercream de nutella.

Forrada de fondant marrón, todos los detalles iban pintados a mano con colorantes en polvo que es lo que le da el toque antiguo y como de usada (no se aprecia casi nada en las fotos la verdad).

Los modelados hechos con pasta de flores y ademas, detalles en papel fondant comestible.

Gracias Susana como siempre por confiar una y otra vez en mi.
Un besazo
Helena

lunes, 19 de junio de 2017

Tarta Mía

Hola buenos días.

Hoy os quiero enseñar la tarta, que le hice a Mía, la hija pequeña de mi prima Miren.

Cuando nació Mía hace un año, lo hacía tras 4 chicos: Pablo, Nicolás, Alex y Tián. Así que fue la primera niña de nuestra familia. A punto está de nacer Abril, la segunda. Poco a poco vamos compensado... jajaja.

Cuando Miren y yo pensamos en la tarta, ambas teníamos claro que queríamos colores pastel. Y además con un toque de amarillo.

Y enseguida a mí se me encendió la bombilla y tuve claro en quien inspirarme para hacerla: las tartas de la turca Mutludukkan. Tiene un gusto exquisito; unos modelados dulces como ninguno he visto; unos acabados espectaculares. Vamos, en definitiva, para mí, una de las cake designer actuales que más me gustan.

Así que como os digo, inspirándome en varias de sus tartas, hice la mía para la "princesa Mía". 

Tengo que deciros que las fotos no hacen justicia al color de la tarta. Era un azul-verde-menta precioso pero la poca luz que había el día que las hice hace que no se vea la mitad de bonita de lo que era.
Por dentro la tarta era un bizcocho de chocolate negro relleno de swiss merengue de mango.

Espero que os haya gustado mucho.
Un besote
Helena